Anestesiados

No tenemos nada y pensamos que lo tenemos todo. O que lo podemos tener. Ese es uno de los trucos de este sistema que nos aleja de nosotros mismos. Leía en El País la entrevista al politólogo Javier Carbonell que habla de algo llamado feminismo individual. Es algo así como las mujeres que luchan por sus intereses femeninos de forma individual, olvidando lo que representa de colectivo la idea de feminismo. El concepto de Girl Boss, la mujer que lo puede todo, que tiene un buen trabajo, en el que está a la altura de sus compañeros varones, que puede con su vida familiar -si la tiene-, en definitiva, que siente que para ella, en concreto, no existe la desigualdad de género o que si existe, no le afecta o no le da importancia y la admite como un rasgo social más.

Este fenómeno no es más que un reflejo de la astuta anestesia que nos está inoculando el sistema, en foma de individualismo e interés exclusivo en el propio bienestar. Como explica Jean Philippe Kindler, «esta sociedad imaginada es también una sociedad de insociables; como la idea de que se piensa en todos cuando se piensa ante todo en sí mismo. La vida psicologizada en extremo se convierte así en un medio para fantasías grotescas de autorrealización: ¿qué me es útil en el camino hacia mi verdadero yo y quién no?».

Nos preocupa estar bien. Nosotros. Los demás da un poco igual. Para poder encontrar esta nueva idea de bienestar individualizante el sistema despliega todo su arsenal seductor a través de ofertas de consumo que prometen obtener esa vida buena para ti y solo para ti. El catálogo es inmenso: spas, masajes, talleres de meditación, tecnología de wellness, todo tipo de nuevos inventos relacionados con la actividad física (Crossfit, HIIT, entrenamientos personales, entrenamientos al estilo UFC…). Ponga usted dinero sobre la mesa y podrá obtener la paz deseada.

Esto funciona hasta que piensas en ello un par de veces. ¿La gente que está cuidando de mí previo pago tiene unas condiciones dignas o los estoy explotando para mi bienestar? ¿Por qué la mayoría de estas actividades están pensadas para hacerlas de manera individual? Y quizás lo más importante, ¿estoy pagando por un bienestar ficticio que podría tener si no estuviera obligado a trabajar tantas horas en situaciones de tanta presión para poder obtener el dinero necesario para pagar estas actividades para mi bienestar?

El consumo con su promesa de prestigio y buena vida, nos permite crear vidas de fantasía que mostramos en Instagram y que no suelen coincidir con nuestro estado de ánimo real. Estamos agotados, pero tenemos que lucir activos y deseables, porque no queremos ser parias, queremos estar en la pomada. Y mientras tanto vamos perdiendo el sentido de lo social, de nosotros mismos. Vivimos fuera de nuestra vida en una vida pagada a golpe de explotar al prójimo y de autoexplotarnos. Y si nos damos cuenta en algún momento, si paramos a pensarlos, bastará con una pequeña dosis de anestesia consumista: un spa, un spritz, un nuevo par de zapatos y un poco de psicología positiva, previo paso por caja.

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Devolver la filosofía al pueblo. Arrancarla de las garras de la academia y los intelectuales para que todo el mundo pueda entender el mundo que nos queda y reflexionar sobre él. Pensar por el placer de pensar, sin gloria ni superioridad moral . Anarquista porque es de todos, para todos y sin que ninguna eminencia ni ningún poder decida sobre lo reflexionado ni sobre cómo debe hacerse esta reflexión. ¡Abajo las normas! ¡Arriba las mentes libres!

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